2011/01/26

"Nos matan y no es noticia", citas página 33 NS Archive. / General del Río

"Nos matan y no es noticia", citas página 33 

National Security Archive. / General Rito Alejo Del Río Rojas

Verdad Abierta www.verdadabierta.com

La organización National Security Archive consiguió que se le levantara el secreto a varios cables enviados por la Embajada de EE.UU en Colombia al gobierno de ese país, en los cuales se revela un minucioso seguimiento de las denuncias de posibles nexos entre el general Rito Alejo del Río con los grupos paramilitares.

Curtis Kamman no será llamado a testificar en el juicio de Rito Alejo del Río, el general retirado del ejército colombiano acusado de asesinato y de colaboración con los grupos paramilitares cuando se desempeñó como comandante de la Brigada XVII en Urabá en 1998, pero se tiene una idea de lo que el ex embajador de Estados Unidos en Colombia hubiera podido decir, gracias a los documentos desclasificados publicados hoy en el sitio del National Security Archive.

Uno de los documentos desclasificados es un cable de agosto de 1998, que contenía adjunto una"Biographic Note" o Nota biográfica(1) secreta, en la que Kamman aseguraba que ell ex comandante de la Brigada XVII "armó y equipó sistemáticamente a los agresivos paramilitares en la región, lo cual fue crucial para su éxito militar" en el norte colombiano.

Obtenidos a través un derecho de petición de información en EE.UU (Freedom of Information Act), estos documentos representan una singular y potencialmente valiosa fuente de evidencia en el juicio que se le sigue a del Río, pues reflejan años de reportes vinculando al comandante militar con el paramilitarismo. Ahora que se ha iniciado el juicio de Del Río, el juez podría examinar los informes de la época realizados por funcionarios estadounidenses que estaban obligados por ley a seguir y certificar el desempeño de Colombia en materia de derechos humanos.

Del Río, en su momento apluadido como un firme luchador anti-guerrilla, comenzó a estar bajo escrutinio en 1996, después de que su segundo al mando, el coronel Carlos Alfonso Velásquez, escribió un informe interno (publicado en VerdadaAbierta.com(ver nota) la semana pasada), en el que pide a sus superiores investigar los vínculos de la brigada con paramilitares y acusó a Del Río de hacerse el de la vista gorda ante la actividad paramilitar. En lugar de prestar atención a la advertencia del oficial, el Ejército ordenó el retiro de Velásquez del Ejército por insubordinado. Velásquez ofreció un testimonio similar al de su reporte interno como testigo clave en el caso judicial.

Entrevistado por la embajada estadounidense en Bogotá en diciembre de 1997, Velásquez implicó directamente a su antiguo comandante, y lamentó "el síndrome del conteo de cuerpos" que "incentivaba violaciones de derechos humanos" y puso énfasis en que la colaboración de la Brigada XVII con los paramilitares "había empeorado bajo Del Río". (Ver documento de la embajada)

Otro informe de la embajada (Ver documento) sobre el episodio de Velásquez da fe de la integridad del coronel, notando que era un "admirado y muy condecorado" oficial del ejército que había ayudado a derrotar a la mafia de la droga en Cali y que había preferido hacer pública una relación extramarital suya, antes que ceder al inento de chantaje de este Cartel.

Las denuncias de Velásquez "provocan mayor presión sobre los militares colombianos", escribió en otro documento otro embajador de Estados Unidos en Bogotá, Myles Frechette, quien por entonces estaba en tensas negociaciones con el ejército colombiano acerca de su desempeño en derechos humanos. " (Estas) van a dar más credibilidad a nuestro informe de derechos humanos".

Para la época, la Embajada había empezado a notar que la actividad paramilitar aumentaba en áreas donde Del Río comandaba tropas y que las operaciones anti-paramilitares se incrementaban en estas mismas áreas después de que él salía. 

Según notó la embajada, en enero de 1998 (Ver documento), varias operaciones sin precedentes contra los paramilitares realizadas por la Brigada XVII "tuvieron lugar apenas una semana después de la salida del área del comandante de la Brigada, brigadier general Rito Alejo del Río, de quien se había asegurado que no era poco amigable con los paramilitares".

Un reporte de febrero (Ver documento) calificó de "más que una coincidencia" el que una serie de golpes contra los paramilitares "se hubieran dado todos después de la salida del norte de Colombia del mayor general Iván Ramírez y su comandante de Brigada el brigadier general Rito Alejo del Río, de quienes se creía ampliamente que habían contribuído a un clima de comando conducivo a hacerse los de la vista gorda con los paramilitares, o peor."

Al mismo tiempo, la embajada percibió un ejemplo perturbador de una posible complicidad entre militares y paramilitares en un ataque paramilitar en La Horqueta, en las afueras de Bogotá, (Ver documento), apenas semanas después de que Del Rio dejara Urabá, para asumir la comandancia de la brigada en esa zona. “¿Por qué era necesario que otra unidad del Ejército viajara todo el trecho desde Bogotá para intervenir?”, se preguntaba el cable diplomático de enero de 1998. 

La Embajada agregó que la Brigada XII de Del Río “extrañamente no reaccionó" a la masacre, siendo esta la primera matanza paramilitar que ocurría tan cerca a la capital. También implicaba a Del Río el descubrimiento de que el paramilitar que comandó el ataque era presidente de una Convivir, milicia legal de Urabá, el área de operaciones de Del Río, "que fue importada a la región para contra atacar a las Farc".

La buena estrella del general empezaba a caer tan rápido en 1998 que los reportes de Estados Unidos apenas podían dar abasto con los hechos. El cambio de opinión sobre Del Rio es claramente evidente en dos informes militares estadounidenses de principios del 98. En el primero (Ver), Del Río, graduado en 1967 de la Escuela de las Américas, es reconocido como una historia exitosa del entrenamiento militar estadounidense. 


Pero un segundo informe corregido(Ver), de marzo de 1998, ubica a Del Río por el contrario como una historia “no tan exitosa”, resaltando que él “presuntamente tenía nexos no sólo con los paramilitares de la costa norte y de la región de Urabá, sino también desde antes con la conflictiva región del Magdalena Medio”, y también estaba “implicado en el robo de un cargamento de armas (del ejército colombiano) destinado a los paramilitares del Magdalena Medio en 1985”.



Para agosto de 1998, los fiscales colombianos habían abierto una investigación preliminar por los nexos del General Del Río con los paramilitares, un hecho que según Kamman “serviría como una señal a aquellos oficiales que continuaran ayudando o de alguna manera trabajaran con los grupos paramilitares” (Ver). El Embajador expuso en su “nota biográfica secreta” que Del Río había sido “muy exitoso” contra la guerrilla de las Farc, y "armó y equipó sistemáticamente a los agresivos paramilitares en la región, lo cual fue crucial para su éxito militar".


Los informes del Embajador también estaban teniendo un impacto en Washington, donde los derechos humanos estaban figurando fuertemente en las negociaciones sobre el entonces naciente paquete de ayuda del Plan Colombia. 

En enero de 1999, dos oficiales sénior del Departamento de Estado le escribieron (Ver) a Kamman para expresar su inconformidad con el progreso de Colombia en el tema de derechos humanos, señalando particularmente “el nombramiento en posiciones clave de muchos generales de los cuales se alegaba, con credibilidad, que presuntamente tenían nexos con los paramilitares”. Y entre ellos incluyeron a Del Río, quien había sido recientemente nombrado Director de Operaciones del Ejército. Frustrado y esencialmente sin opciones, el Departamento de Estado tomó la inusual decisión de cancelarle la visa a Del Río por “tráfico de droga y actividades terroristas”, precipitando su retiro forzoso y el fin de su carrera militar en abril de 1999.



A medida que los años pasaron, el gobierno de Estados Unidos se fue preocupando más la impunidad de los oficiales en Colombia, especialmente en los casos de oficiales de alto rango como Del Río, provocando discusiones fuertes luego de que el Fiscal General Luis Camilo Osorio retirara todos los cargos contra Del Río en 2001. 

Un breve documento elaborado (Ver) para el más alto oficial de derechos humanos del Departamento de Estado, Lorne Craner, expresó “la preocupación en el Congreso” de que el retiro de los cargos por parte de Osorio mostraba que él estaba “menos enfocado en procesar paramilitares y personal militar acusado de colaborar con los paramilitares”. Un memorándum del Departamento de Estado de 2005 (Ver) encontró “preocupante” que el gobierno colombiano no haya enviado todavía un “mensaje claro” respecto a la impunidad de Del Río.



Más de cinco años después, el caso finalmente ha llegado a juicio, y la justicia escuchará el testimonio de testigos muy importantes, cada uno de los cuales traerá una perspectiva única al proceso. Y mientras ningún oficial de Estados Unidos participará, la justicia debería considerar la perspectiva desclasificada del gobierno de Estados Unidos y los archivos que eran secretos sobre sus historias “no tan exitosas”. 

* Michael Evans es director del Proyecto Documental de Colombia del National Security Archive.

2011/01/24

militares condenados por asesinatos "cumplen pena" en clubes de relax en las bases militares.

Los escasos militares condenados por asesinatos "cumplen pena" en clubes de relax en las bases militares, Colombia
Los escasos militares condenados por asesinatos "cumplen pena" en clubes de relax en las bases militares. Colombia, impunidad del 99%, y para el 1% orgías y fiestas pagadas por impuestos del pueblo

http://www.kaosenlared.net/noticia/escasos-militares-condenados-asesinatos-cumplen-pena-clubes-relax-base

2011/01/15

Silencios criminales / comentario de un lector en "Libre expresión".

Silencios criminales


Comentario de un lector a la nota sobre el libro "Nos matan y no es noticia", citado en: 

Es alucinante la desinformación que hay en España sobre los crímenes de la oligarquía colombiana. Y es aterrador descubrir que esa desinformación tiene un motivo mercantilista y políticamente interesado. 

Resulta muy revelador el análisis que hace Pascual Serrano sobre este tema en su último libro. A grandes rasgos viene a contar que la corrupción política y empresarial en Colombia es de tal magnitud, que si una empresa de medios de comunicación extranjera quiere hacerse un hueco en aquel país, lo primero que tiene que hacer es poner la línea editorial al servicio del gobierno y la oligarquía (y también algún puesto en el consejo de dirección de la empresa interesada). 

Dado que la competencia por el hueco es muy grande, el resultado es una pugna empresarial por ofrecer una política de información lo más servicial posible al interés del gobierno. Esto supone, claro está, silenciar sistemáticamente los crímenes de la oligarquía y su estrecha relación con el terrorismo paramilitar. De este modo se explica la sorprendente unanimidad en el trato exquisito al anterior gobierno de Uribe por parte de todos esos medios de comunicación. 

Y de paso, la no menos sorprendente coincidencia en los constantes ataques a otros gobiernos de signo contrario al colombiano. Es una línea de desinformación y manipulación de la realidad que ahoga día a día a la ciudadanía, lo quiera esta o no lo quiera. Encontrar tablas de salvación entre la riada constante de mentiras y silencios resulta extenuante mientras tengas acceso a internet, porque si no lo tienes resulta simplemente imposible.

2011/01/10

El Atrato es uno de los ríos más usados para botar cadáveres / 20 enero 2011

http://www.territoriochocoano.com/secciones/orden-publico/367-el-atrato-es-uno-de-los-rios-usados-para-botar-cadaveres.html


El Atrato es uno de los ríos más usados para botar cadáveres

En el tramo curvo del río Cauca en Marsella, un remolino empuja los residuos a la orilla.
Sobre la faja de tierra cercana al agua están diseminados palos, juncos y botellas de plástico, y los buitres picotean los brillantes y empapados despojos de un perro pequeño.
Allí también recalan cadáveres humanos.
Aunque difícilmente sea el Cauca el único río de Colombia donde son abandonados restos humanos, bien puede ser el más socorrido. Lleva los cuerpos de matones del narcotráfico, de campesinos desmembrados por escuadrones de la muerte y de inocentes asesinados por ser cercanos al rival de alguien.
Quiénes eran esas víctimas o por qué murieron, nunca le importó mucho a María Inés Mejía. Simplemente sujetaba a los cadáveres --unos cientos-- y los sacaba del agua, tratándolos siempre con respeto. Lo que comenzó como un trabajo que nadie quería, desembocó en una vocación.
``Yo saqué de ahí piernas, brazos, troncos'', dice Mejía, de 50 años. ``O cabezas solas. Uno encuentra allí de todo: (cuerpos) enteros, pedacitos, pedazos. Unos en costales. Otros en canecas (envases). Amarrados, con la cabeza forrada en plástico''.
El relato de Mejía resalta el sobrecogedor reto de Colombia en una histórica coyuntura: localizar e identificar a las víctimas de un largo conflicto interno. Con un profundo descenso en los homicidios y amainado el temor de las venganzas, miles de personas han salido a dar la cara para narrar asesinatos y desapariciones y llevar a las autoridades hasta fosas comunes.
La Fiscalía General ha recopilado una lista de 26,564 asesinatos cometidos entre mediados de la década de 1980 y mediados de esta década, mientras que miembros de grupos armados irregulares han confesado 714 homicidios.
Tal tarea de identificación coloca bajo los reflectores a personas como Mejía y otros funcionarios de menor nivel que se convirtieron en los guardianes de los muertos anónimos.
Los principales ríos de Colombia han sido usados durante décadas para deshacerse de los muertos: el Cauca, el Magdalena, el Atrato y el Sinú...
La mayoría de los cuerpos son víctimas de los paramilitares.
Los investigadores de la Fiscalía han recuperado unos 2,778 cadáveres.
Orillas del río AtratoEn el tramo curvo del río Cauca en Marsella, un remolino empuja los residuos a la orilla.

Sobre la faja de tierra cercana al agua están diseminados palos, juncos y botellas de plástico, y los buitres picotean los brillantes y empapados despojos de un perro pequeño.

Allí también recalan cadáveres humanos.

Aunque difícilmente sea el Cauca el único río de Colombia donde son abandonados restos humanos, bien puede ser el más socorrido. Lleva los cuerpos de matones del narcotráfico, de campesinos desmembrados por escuadrones de la muerte y de inocentes asesinados por ser cercanos al rival de alguien.

Quiénes eran esas víctimas o por qué murieron, nunca le importó mucho a María Inés Mejía. Simplemente sujetaba a los cadáveres --unos cientos-- y los sacaba del agua, tratándolos siempre con respeto. Lo que comenzó como un trabajo que nadie quería, desembocó en una vocación.

``Yo saqué de ahí piernas, brazos, troncos'', dice Mejía, de 50 años. ``O cabezas solas. Uno encuentra allí de todo: (cuerpos) enteros, pedacitos, pedazos. Unos en costales. Otros en canecas (envases). Amarrados, con la cabeza forrada en plástico''.

El relato de Mejía resalta el sobrecogedor reto de Colombia en una histórica coyuntura: localizar e identificar a las víctimas de un largo conflicto interno. Con un profundo descenso en los homicidios y amainado el temor de las venganzas, miles de personas han salido a dar la cara para narrar asesinatos y desapariciones y llevar a las autoridades hasta fosas comunes.

La Fiscalía General ha recopilado una lista de 26,564 asesinatos cometidos entre mediados de la década de 1980 y mediados de esta década, mientras que miembros de grupos armados irregulares han confesado 714 homicidios.

Tal tarea de identificación coloca bajo los reflectores a personas como Mejía y otros funcionarios de menor nivel que se convirtieron en los guardianes de los muertos anónimos.

Los principales ríos de Colombia han sido usados durante décadas para deshacerse de los muertos: el Cauca, el Magdalena, el Atrato y el Sinú...

La mayoría de los cuerpos son víctimas de los paramilitares.

Los investigadores de la Fiscalía han recuperado unos 2,778 cadáveres.

Fuente: El Nuevo Herald

2011/01/03

Entrevista H.H acusa a general Rito Alejo Del Rio

Entrevista de Holman Morris a H. H. 

Atención a tres frases: 

- 1995, 1996, 1997
- Antioquia, laboratorio del modelo paramilitar.
- Exportación del proyecto al resto de Colombia. 
-"El (General Rito) ayudó a matar a miles...


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"Nos matan y no es noticia", citas páginas 161 - 171/ General Montoya

"Nos matan y no es noticia", citas páginas 161 - 171/ 

En síntesis, el combate entre guerrilla y paramilitares fue catastróficopara una población que ya venía sufriendo por causa de todos los actores armados. Las investigaciones señalan igualmente las responsabilidades de la Brigadas IV y XVII del Ejército por omisión criminal, pues tenían la misión de velar por la vida, honra y bienes de los ciudadanos; y por acción criminal, al haber actuado en conjunto con los paramilitares.

La Procuraduría General de la Nación abrió pliego de cargos contra los Comandantes de la I División del Ejército, el Comandante de la IV Brigada y el Coronel a cargo del batallón con sede en Quibdó. La omisión de los mandos militares se centra en que las Comunidades ya habían informado que, desde el año anterior, habían llegado a la región del Atrato Medio más de trescientos paramilitares que habían expresado su propósito de combatir a las FARC. Los militares omitieron combatir a los escuadrones de la muerte.

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General Montoya y los paramilitares del Choco



Confirmación del relato "Nos matan y no es noticia" Páginas 161 - 171